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"Rinconcito del Perú"
  
HUAROCHIRÍ, PERÚ
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Sor Elisa Inga - Una monja dedicada a las necesidades de los más pobres
Por Pedro P. Inga Huaringa

Sor Elisa Inga, una religiosa de la congregación de las Religiosas Hospitalarias de San José de Canadá, tuvo una vida dedicada a las necesidades de los más pobres por más de cinco décadas. En vida decía: “Dios me creó, me formó, en sus manos amorosas”. Después de una larga enfermedad, murió en Lima el 17 de Marzo de 2014.

Desde que salió de Huarochirí, haber participado desde muy joven con sus deberes de novicia en Lima, lo llevaron a tierras muy lejanas para entender los aspectos de su vocación religiosas. Su padre, su madre y sus abuelos jamás podrían haber imaginado de una vida como la suya. Pero les regalaron la promesa de la cristiandad, que permitió que pudiera disponer de las grandes oportunidades que hicieron posible a su vida. Elisa buscaba paradigmas de un mundo Cristiano donde encontrarán que una joven de Huarochirí, perteneciente a la clase modesta, se emplea con las Religiosas Hospitalarias de San José en Lima Perú. Tras cinco años  de trabajo y preparación profesa como moja en Canadá, más tarde regresa con una misión al Hogar de la Madre en Miraflores, Perú. Pero su trayectoria continuaría sirviendo en las barrios más pobres de Lima, en la ciudad de Huaraz y la Amazonia, territorio peruano.

Esta monja luminosa de amor de Dios nació en Huarochirí, Perú el 14 de Marzo de 1929, y se bautizó en la Iglesia Santa María Jesús de Huarochirí, siendo hija natural de don Oswaldo Inga Huaringa y doña Ercilia Huaringa, básicamente producto del lugar de Huarochirí y de su tiempo. De uno a quince años vivió en Huarochirí, donde a los cinco o seis años su padre se recogió para vivir con su familia. Esto, en cierta forma, hizo apreciar de las oportunidades que pudo disfrutar de su vida con sus abuelos, en quienes encontró el cariño y la protección. En la ciudad de Huarochirí fue inocente y feliz. Entre sus hermanos maternos es Elena; y paternos son Melitón, Pedro, Lilia y Marcelino.

Así como nos dice un proverbio, el fruto no cae lejos del árbol. Para entender la vida de las personas hay que remontarse a las raíces, el tronco de donde se desarrollaron. No todo el mundo puede darse cuenta de la verdadera grandeza que, sorprendentemente, oculta y contiene en aquella fruta hasta que crezca y se extienda sus ramas hacia el cielo. El desarrollo de la vida de Elisa Inga demuestra la verdad de lo que acabamos de decir, su destino en gran medida, es como una grandeza para la humanidad y para su familia.

Sor Elisa Inga creía que siempre había una relación directa entre la felicidad y la santidad. Esta fue su primera observación que sería de la vida cristiana como una adolescente. Esta fue la razón por la que empezó a explorar el catolicismo en serio. Tan simple como puede parecer, ella era consciente de su anhelo de felicidad. Ella ha tratado de satisfacer este anhelo de otra forma y se la había quedado como una advertencia en su mente. Ella ha sido testigo de una paz y propósito en la vida de un puñado de personas que sabía que estaban luchando por vivir su fe, y sabían que tenían algo que ella anhelaba.

La fragancia que evocan recuerdos de su infancia comienza con su adolescencia, que creció en un ambiente andino, donde la agricultura y la ganadería era la forma de vivir. Durante esa época, la educación de las niñas se basaba en el principio de que los padres saben lo que es mejor para sus hijas. Elisa, desde muy temprana edad, de pronto tenía la responsabilidad de ayudar con los quehaceres de casa, y cuidar a sus hermanos menores. Luego alistarse para ir a sus clases en la escuela. Ella siempre ha sido obediente y respetosa. Lo importante para ella era que poco a poco su cariño por su padre fue creciendo hasta el punto que su padre era lo más importante de su vida. Ella siempre trataba de acompañarla a su padre cuando viajaba a otros lugares de la región.

Después de terminar sus estudios primarios en la escuela de mujeres de Huarochirí, Elisa fue becada para sus estudios de secundaria. Luego, se mueve a Lima con dicha beca para lograr sus estudios secundarios. Desde luego, ya en Lima, Elisa estudia y trabaja para sobrevivir en la capital, eso pudo ser el momento milagroso para su educación. Haciendo esfuerzos para superar el comprensible deseo de terminar su educación secundaria, estudia esmeradamente y se gradúa satisfactoriamente. Luego en febrero de 1951, viaja a Huarochirí para ver a su familia, en particular a su papá y su abuela. Pero buscaba abrir nuevos caminos, por lo cual regresa a Lima.;.

En Mayo de 1951, cuando las Religiosas Hospitalarias de San José, una congregación de Canadá, se hacen cargo de la administración del Hogar de la Madre, cuyo directorio eran señoras caritativas, que trabajaban por el bien de los leprosos. Es precisamente en este lugar donde consigue empleo haciendo de todo, desde la limpieza de las salas, el papeleo y desde luego rezar el rosario diario. Dado el espirito de ese tiempo, entregada todo el día al servicio en el Hogar de la Madre con las monjas, cuando despierta parece tener una total vocación a la vida religiosa. Esta vocación ya lo tenía en mente desde muy joven y lo ratificaba ese anhelo a  su amiga Carmela, compañera de primaria en Huarochirí.

En Marzo de 1953, Elisa es destinada hacia Iquitos, Loreto. Dentro este servicio, aprendió a trabajar con los niños de 0 a 4 años. A pesar de las condiciones ambientales, es allí es donde afirma su vocación. Cuando más exploraba las opciones a la vida religiosa, más oía hablar de las monjitas con vitalidad y juventud. Cuando más oraba, más cosas sabia encontrar para el arte del control mental y despertar la espiritualidad. Cuantas más cosas veía, más ansiaba tras aquellos hábitos humanos, confiando seguir los pasos de Santa Teresa de Jesús.

En Agosto de 1954, viaja a Canadá, convirtiéndose en la primera hospitalaria peruana. Todo esto parece una ventura, un sueño, porque al llegar a una tierra desconocida, y sobre todo la inseguridad, el riesgo, aunque nada se resolvía, pero su ideal y capacidad era firme. Todo nuevo, extraño, pero el encuentro con la Madre Superiora fue emocionante, con lágrimas, un abrazo y una bendición. Luego comienza sus dos años de noviciado.

En 1956, toma el hábito como hermana de la Congregación Hospitalarias de San José en Montreal, Canadá. Luego es designada a Cambellton, Canadá para que se prepare para sus servicios religiosos y al cuidado a los enfermos, a los adultos mayores, a los huérfanos y los que sufren de incapacidad.  Las hermanas y la madre superiora han depositado su confianza en ella con todas las consecuencias para que siga sus estudios mientras trabajaba como auxiliar en el hospital Hotel-Dieu de San José. Seguir el llamado es un sacrificio, aunque Dios no espera este sacrificio, pero la vida en el convento sigue su curso más de cerca que el cristiano ordinario.

Años después, se ratifica como hermana de la Congregación Hospitalarias  de San José en Montreal, Canadá. El hecho de que esta congregación fuera exclusivamente femenina, garantizaba que los estudios académicos y en particular para el cuidado del paciente y dirigir actividades eclesiásticos en un mundo que no hubiese sido posible. En la parroquia ha prestado su servicio para todo: secretaría, hoja parroquial, catequesis de infancia, de jóvenes, de adultos, grupos bíblicos, liturgia, visitar belenes, comunión a enfermos, y confirmación de adultos. Tanto en la congregación  como en la parroquia, han depositado su confianza en Sor Elisa con todas las consecuencias. Ha asumido responsabilidades que, en alguna ocasión, no le competían, pero que demostraban que sus jefes podían delegarla con toda tranquilidad. A todo esto seguramente lo hacía feliz, muy feliz, valorada, a veces incluso mimada, porque la congregación lo ha enviado a diferentes partes de Canadá para servir y practicar sus talentos de monja y enfermera.

En 1959, regresa a Lima, Perú para trabajar con los niños en el Hogar de la Madre. Un año después es designada a la ciudad de Huaraz para servir en el hospital con las Hermanas Hospitalarias. Su trabajo fue encargarse de la sala de pediatría. Pero la voluntad de Dios sigue su curso, y en 1962 regresa a Lima. Por oficio de enfermera se encargaba de los más pequeños, donde tenían más de 100 bebes enfermos.

Por los años de 1980, en su trayecto de Canadá a Lima, ella visita a sus hermanos Pedro y Marcelino en Dallas, Texas. Luego de reunirse la familia en la casa de Pedro y su amiga Carmela, deciden hacer una visita a la sobrina Melissa, quien estaba cursando el último año de sus estudios universitarios en la Universidad de Texas A & M. Pedro, Carmela, Carmelita y Sor Elisa viajan en su auto y se dan cita para encontrarse con Melissa en la ciudad de Austin, Texas. Luego de un recorrido por dicha ciudad, viajan muy temprano a la ciudad de San Antonio, Texas, donde desayunan y visitan las misiones católicas famosas de esa región. Queda imágenes y recuerdos inolvidables.

Al cabo de varios años de servicio en los lugares más podres de Lima, el Cerro del Agustino, Valdiviezo, Nuestra Señora del Rosario y otros. Por entonces,  Sor Elisa es enviada a  Loreto en el Amazonas, donde la congregación ha construido una Colonia Infantil, una escuela de primaria, y más tarde una escuela secundaria para todos los jóvenes de la Amazonia. Las hermanas no solo enseñaban, sino también se preocupaban a las comunidades cristianas y la catequesis y pastoral de la familia. Anteriormente en un acuerdo con los padres leprosos de San Pablo enviaban a sus niños a Indiana. A partir de 1970, las hermanas trabajaban en el Centro de Salud de Indiana en medicina preventiva donde iban a los caseríos a lo largo de los ríos y quebradas. Después de muchos años de servicio a la comunidad de este área, en el año 2003, el Centro de Salud se hace cargo el Ministerio Peruano de Salud, luego las ultimas hermanas, una canadiense y una peruana, dejan la misión, para ir donde la necesidad era más grande.

Más tarde, su misión continua en un pueblito llamado San Pablo, junto a rio Amazonas y cerca de la frontera con Brasil, donde la congregación de hospitalarias trabajaba con grandes dificultades para tratar y aliviar los sufrimientos de los leprosos. Las misioneras que fueron llegando después, logran cambiar completamente el aspecto de los enfermos de la leprosería. Poco a poco la gente con lepra ya no necesitaba como antes ser atendidos extensivamente, ya que tenían la esperanza de sanarse. Esto se debe, en primer lugar, a la prevención de la enfermedad. En segundo lugar porque las hermanas habían acondicionado una casa grande para recibir a los hijos de recién nacidos de la leprosería. Cuidar a los niños era el trabajo principal en los últimos años de Sor Elisa, dándole el cuidado, calor y cariño que requiere un niño. Por otra parte, su trabajo de las hermanas es atender a los leprosos inválidos y los enfermos en domicilio o en el hospital que tiene una capacidad más de 20 camas, donde también trabajan  en las catequesis.

Al cumplir más de 50 años de servicio como hermana, y sobre todo por expresar su amor y agradecimiento que se tiene, no es algo fácil frente a tanta entrega y ejemplo diario, en la que se la profesa admiración por su generosidad y un inmenso corazón. En reconocimiento  se  celebra el aniversario de sus 50 años de votos y al servicio a Dios, con  una solemne misa realizada en la Sede Lima de la congregación de las Religiosas Hospitalarias “San José”, que tuvo lugar en la casa principal el día 18 de Mayo del 2006.  Fue acompañada por las hermanas de su congregación, y con la participación de sus hermanos, primos y familiares de la familia Inga y Huaringa.

Mientras que estamos llamados a vivir una vida auténtica, Sor Elisa fue llamada a la vida religiosa, dedicada de manera única para explorar el pozo profundo de la espiritualidad cristiana y compartir los frutos de sus esfuerzos con la gente más necesitada. Así pues, aunque esto no es una historia completa, pero esta reflexión acerca de la vida de Sor Elisa ocupa en un lugar especial: la alegría, el amor y deber de asistir al prójimo bajo cualquier circunstancia, sin medir esfuerzos ni sacrificios, una tarea que llevó a cabo hasta sus últimos días de su vida. En este universo el sufrimiento es siempre doloroso, ya sea para su cuerpo o su alma.

Saber expresar el amor y el agradecimiento que sentimos, no es algo fácil frente a tanta entrega y ejemplo de una diario de santidad.  Suena tan simple decir, "sólo hacer la voluntad de Dios". Es simple y hay belleza y un genio en la simplicidad, pero simple y fácil no son lo mismo. En muchas cosas, tal vez en la mayoría de las cosas, la voluntad de Dios es conocida fácilmente. Esta es la verdad, por eso te profesamos admiración por tu generosidad e inmenso corazón.

Dallas, Marzo de 2014.

Actualizado: Octubre 2014

La Congregación de las Religiosas Hospitalarias de San José tiene su origen en Francia. En el año 1636, el fundador Jerónimo Le Royer de la Dauversiere, un padre de familia, hombre profundamente religioso, fue inspirado por Dios para una misión especial: Desde luego propagarlo al colonizar y evangelizar la Isla de Montreal, Canadá.

En la ciudad de Montreal, Canadá

Montreal es la segunda ciudad más grande de Canadá y se encuentra en una isla del Río St. Lawrence, en la provincia de Quebec al oeste de Canadá. Montreal está a sólo 190 km de la capital del país, Ottawa, Canadá.

Mojas en Canada
En Canadá con la Madre Superiora

En Montreal, Canadá con la madre superiora. En 1955, llega a Canadá como novicia, donde ha sentido una tranquilidad para asumir cualquier responsabilidad que las hermanas de su congregación lo pidiese, cuando siente una llamada diferente, comprendiendo dejar todo lo que Dios ha ido poniendo en su camino para dedicarse a la vida religiosa.

En Texas, USA.

En Dallas con Carmelita
En Dallas, Texas con Carmelita, sobrina suya

Durante de su viaje de Canadá a Peru, visita a su familia en Dallas, Texas.

En la amazonia peruana.

En la amazonia, Peru
Sor Elisa Inga en la amazonia peruana

Las hermanas enfrentan a grandes dificultades, pero hacen todo lo posible para aliviar el sufrimiento de la gente leprosa. Las Hermanas Hospitalarias de San José han pasado una larga trayectoria cuidando a los enfermos, primero en el pueblo de Indiana, luego en San Pablo cerca a Brasil de la Amazonia, logrando así en consagrarse a la formación espiritual cristiana.

Bodas de oro y de servicio

Aniversario Bodas de Oro en Lima, Peru
Sor Elisa Inga, un recuerdo de sus bodas de oro en Lima, Peru

Al cumplir más de 50 años de servicio de hermana hospitalaria, y sobre todo saber expresar el amor con acción y agradecimiento que se siente, no es algo fácil frente a tanta entrega y ejemplo en la que le profesa admiración por su generosidad y de un inmenso corazón.

San Pablo en Loreto es un pueblo fundado en 1926, a las orillas del caudaloso río Amazonas, es como residencia impuesta a las personas que padecen de lepra, en que se convierte una enfermedad epidémica dramática, en aquellos tiempos, entre muchas personas en la zona de la selva. Por triste que parezca, el lugar era considerado un lugar de exclusión, donde los enfermos fueron tratados como muertos vivos.

Amazonia peruana
vegetacion, casas y agua en la amazonia.

hermanas en la Amazonia peruana
Con las hermanas en la amazonia.

Note of Sympathy: The Inga Family has remarkable people to celebrate and remember. Sister Elisa Inga went out and did what she could to make the world a better place. May she rest in peace, with God’s love.
Patrick Gough.